domingo, 14 de diciembre de 2008

Temporal de frío

Media España está cubierta por la nieve, aunque según lo que se ve en la tele parece que fuera toda ella la tapada por el frío manto blanco. En mi ciudad sólo hace frío, a ratos bastante frío, es la verdad, pero no nieva, es rarísimo que eso haya pasado. Nunca he visto nevar aquí, aunque en casa siempre han dicho que ellos sí contemplaron una vez una nevada hace no sé cuantos años, con lo que me imagino el frío tan tremendo que haría en el resto de España, para que la nieve se diera a una altura de 18 ó 20 metros que es a la que estamos aquí.
Paso a otro tema.
Hace unos días, mientras esperaba al autobús en una parada que, por llegar varias líneas, suele estar llena de gente, se me acercaron dos sujetos con pinta de "gorrilas" que además olían a bebedores de alcohol, mejor diría que a vino peleón. Hablaban entre ellos y, por su cercanía, no podía dejar de escucharlos. El más bajito se quejaba al otro:
- Tío, que no puedo hablar. Nunca me dejas.
A lo que el más alto le respondió:
- Habla, tu habla cuando quieras. ¿Vale tío?
- Vale tío.
Después de esto se alejaron de la parada y al rato se me acercan otra vez y vuelvo, sin más remedio, a escucharles. El alto le decía al bajito:
-Mira, ya viene el autobús. Tú entras y paga con estas monedas para que mientras el conductor se distrae contándolas, yo me cuele por atrás. No te pongas nervioso. ¿Vale?
- Venga, vale tío.
Dicho y hecho. Desde la parada observo como el bajito se mete en el autobús con los últimos pasajeros y distrae al conductor echándole en el tablero las monedas, éste mientras las contaba dejó de vigilar las puertas, momento que aprovechó el alto, al que había perdido de vista porque se había ido por detrás de la parada, para colarse por la puerta de atrás del autobús, en un santiamén, sin que el conductor que arrancó el autobús poco después se hubiera dado cuenta, ni nadie dentro del autobús dijera nada. ¡Qué cosas! Me sentí como reviviendo una de esas historias de pícaros que narra la literatura de hace muchos años. Y todo por un eurilllo de nada.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Electricidad en el cuerpo


Hace unos días han inaugurado la segunda tienda Decathlon de Sevilla, según dicen es la segunda mas grande de España, cuenta incluso con varias pistas deportivas anexas. Está muy bien, por su puesto está en las afueras, en la salida hacia Alcalá de Guadira. Estuve visitándola e hice algunas compras que necesitaba, pasé bastante tiempo allí viendo, comparando y probándome: gafas, prendas deportivas, etc. Cuando llegué estaba a tope y cuando noté que el numeroso público había bajado fue cuando me dí cuenta de que llevaba allí demasiado tiempo. Me fui para las cajas y cuando la cajera me extiende la mano para devolverme la vuelta del dinero, ¡ZASSS! Le doy un calambrazo. Madre, nunca me había pasado darle un calambrazo a alguien. La cajera se puso a mirarme el brazo, buscando algún cable o resorte que llevara, nerviosilla y pensando que había sido una broma. ¡Jajaja!
No se me ocurrió nada más que sonreír y decirle:
- ¡Te he dado calambre!
Y ella muy nerviosa responderme:
-Si, si. Perdona.
-Adiós.
-Adiós.
Después cuando llego a casa y toco la puerta del ascensor, ¡ZASSS! Solté otro calambrazo.
He visto gente a quienes le pasaba pero a mí es la primera vez que me sucede.